Una nueva visión del miedo

Hace años que siento decir a las mujeres que vienen a mis cursos de autodefensa que quieren ir por la calle sin miedo, que por eso han venido al curso, porque están hartas de sentir miedo. Sé que no soy la única que ha crecido escuchando, “Cuidado nena, que piensa que te puede pasar cualquier cosa. No vayas sola, cuidado por la noche, que por la noche todos los gatos son pardos, no te pases cuando vas de marcha, que es más peligroso para una mujer que para un hombre.” Nos han recomendado tener cuidado de la hora, de la manera de vestir, de la compañía, de la falta de compañía… Dudo que hayan tantos asesinos en serie como películas y series de televisión sobre ellos.

Por eso no es de extrañar que estemos cansadas de tener miedo, después de tantos años de inculcación en el miedo. Creo que muchas sentimos que el miedo que nos han enseñado es una forma de control social, una manera de limitar nuestra libertad y de convidarnos a limitarnos a nosotras mismas, para evitar sentir miedo. Evitamos las calles oscuras, los garajes de parking mal iluminados, los baños nocturnos en las playas desiertas. Aprendemos autodefensa para recuperar la noche, para ir por la calle sin miedo a cualquier hora, en cualquier sitio.

Pero en el fondo, no es el miedo en sí nuestro enemigo. Tal como apunta Avi Grinberg en su charla interesante sobre el miedo, el miedo no es más que un poder, “una energía, hace que bombee el corazón, que fluya la sangre…nos despierta. El miedo da potencia al amor porque nos recuerda de la pérdida y la separación, que nuestro tiempo es corto”. Últimamente, remarco en mis cursos que el “enemigo” no es el miedo, sino la ansiedad. El miedo es una energía que nos lleva a prestar atención, a prestar atención a una realidad física, nos impulsa a hacer algo. Si supera la capacidad del cuerpo de manejarlo, incluso lo puede bloquear. Pero la ansiedad es una imaginación de lo que podría pasar, una respuesta a algo que no está pasando ahora mismo. La ansiedad nos roba la atención al cuerpo y al mundo real que nos rodea y la lleva a una imaginación de lo que podría pasar, lo cual nos quita energía y capacidad de respuesta en el aquí y ahora.

Hace unas semanas, quedé con unos amigos en una playa a mitad del camino entre mi pueblo y el próximo y nos quedamos hablando mucho rato, una conversa de esas que tienes con amigos que hace mucho que no ves. Volví caminando sola a mi pueblo de noche por un camino poco iluminado, al lado de la carretera, por donde pasaban los coches, cegándome de vez en cuando con sus luces. Me costaba ver, apresuré el paso, me sentí muy pendiente de todo, y desde luego no llevaba mis auriculares puestos. No es que fuera un paseo relajante, pero sí emocionante. La libertad quizás no sea siempre relajada y tranquila, a veces nos toca sentir miedo, por mucho que sepamos de autodefensa. Pero más que dominar el miedo, es la ansiedad, la imaginación que aplicamos a la realidad, que nos hace mala jugada. Y creo que la dominamos obligando a nuestra atención a volver al cuerpo y al espacio físico que nos rodea. Para animaros, os invito a ver a esta charla de Avi Grinberg sobre el miedo. Está en inglés, pero tiene subtítulos.

https://www.youtube.com/watch?v=I5S3b0_UVGM night street1

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