¿Qué es lo que hace que la autodefensa feminista sea feminista?

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Hace poco estuve hablando con una mujer y me hizo esta pregunta, y desde entonces me ha ido rondando la cabeza. Puede parecer una pregunta inocente, pero tiene su complicación. Primero creo que estaría bien poner mi trabajo como profesora de autodefensa en su contexto. Llevo desde 2001 dando cursos de autodefensa para mujeres, y cuando empecé, la mayoría de los cursos de llamaban “defensa personal femenina” y los daban hombres. Hago artes marciales desde el año 1985, más o menos, y he pasado años enteros de mi vida entrenando artes marciales para ir luego a un vestuario de mujeres vacía o con 2-3 chicas más a lo sumo. He encontrado compañeros de clase agradables y solidarios, pero también compañeros que me decían que yo no había conocido a sus mujeres porque “sabían su sitio y no intentaban ser hombres saliendo al tatami.” También tuve un profesor que hacía cosas como decir en clase, “el ser humano tiene 4 extremidades, excepto el hombre, que tiene 5, ¿verdad Karin?” También había sitios con profesoras, y grupos de mujeres que se encontraban y entrenaban solas ellas para preparar la lucha contra la violencia de género. Pero eran difíciles de encontrar para mí cuando llegué aquí en Cataluña en 1992 y siguen siendo minoritarios.

Enfin, cuando empecé a dar clases en Cataluña, si explicaba mi trabajo a un hombre, muchos decían, “Ah, así que no me meto contigo.” La sugerencia era que dar cursos de autodefensa para mujeres era algo agresivo, igual que participar en una clase de autodefensa para mujeres. Yo solía contestar, “o sea, ¿te ibas a meter conmigo, pero ahora has cambiado de idea?” Agresivo es quien quiere cometer una agresión, no quien se quiere defender de una. Ahora la sociedad ha avanzado en este tema. Podría dar las gracias a los jueces que emeten sentencias absurdas que no castigan suficiente (por no decir nada) a los violadores y otros hombres que ejercen la violencia de género, porque me están generando trabajo, ya que si las mujeres antes pensaban que podían contar con la protección de los hombres y del sistema legal, ahora saben que no es verdad.

Ahora hay muchas más clases de defensa personal, de autodefensa, de autodefensa para mujeres, autodefensa contra las agresiones anti-LGBTI y autodefensa feminista. Los hombres hoy en día me hacen “mansplaining” de lo que tendría que enseñar en mis cursos, en lugar de sugerir que soy violenta porque doy cursos. A todos los hombres que me han contado sus consejos y su gran experiencia de los 5 años de judo que dio cuando tenía ocho años, os invito a callar de una vez y darte cuenta que en temas marciales no me vas a enseñar nada. Aprendo de cualquiera que me pueda enseñar algo y intento ejercer de profesora o alumna en el espacio que estoy, y siempre con respeto para todo el mundo. Hay mujeres profesionales y no profesionales de quienes aprendo cada día encantada de la vida.

Ahora, soy consciente que no todas las mujeres que enseñan autodefensa son feministas, ni hacen autodefensa feminista. No voy a inspeccionar el carnet de feminista de nadie. Pero para mí, autodefensa feminista primero y sobretodo debe tener un compromiso claro con el proyecto de ayudar a las mujeres a empoderarse y a luchar contra la violencia de género, en cuantas más formas puedan, mejor. Y con alguno o varios de los proyectos feministas que existen respecto a la justicia social.  El patriarcado es un sistema que ejerce violencia según género, etnicidad, orientación sexual, capacidades físicas, clase social y un largo etc. y como feminista, estoy comprometida con intentar desmantelar ese sistema.

Ahora, específicamente, lo que pido de cualquier curso de autodefensa para mujeres, en sí es una petición feminista.

  1. No quiero que nadie tenga que aguantar “chistes” y comportamientos denigrantes y/o machistas en clase, ni arriesgarse a que los compañeros le ignoren o den de lado.
  2. Quiero que las clases de autodefensa para mujeres tenga en cuenta las mínimas estadísticas y verdades sobre cómo y de dónde viene la violencia hacia ellas. Entre 3 y 4 de cada 5 agresiones que sufren las mujeres vienen de hombres conocidos, no desconocidos. Las estadísticas exactas varian, hay diversos cálculos, pero no se puede negar que sea mucho más frecuente.
  3. Hay que evitar culpabilizar de las mujeres de las agresiones que hayan podido experimentar. No es porque llevas camiseta de tirantes, ni una faldilla que casi no te tape el coño, ni porque te atreviste a salir a correr sola, ni porque te emborrachaste, ni porque te fuiste de marcha. Mirar no es provocar, vestir no es provocar, hablar si algo te parece mal no es en sí provocar.
  4. Cuando das consejos, incluso cosas lógicas como no entrar por la puerta si ves que hay alguien justo detrás de tí, no hagas pensar que si las mujeres solo hacemos bien las cosas, gestionamos bien nuestro espacio personal y la comunicación, siempre podremos evitar la violencia.
  5. Si quieres contribuir a reducir la violencia de género, hay que enseñar herramientas de gestión del espacio personal, de comunicación verbal y no verbal, gestión emocional 8 (de alguna clase) y autodefensa física. Está claro que tienes que tener algo para enseñar para enseñarlo.
  6. Hay que romper el mito de la superioridad física masculina. No todos los hombres son más fuertes y saben más que las mujeres sobre las cosas de lucha, el peso tiene influencia en una pelea, sí, pero también hay más elementos y la propia fuerza física no es una cosa tan clara como se presenta (hablamos de brazos, de piernas, de resistencia física, etc.)
  7. Lucha contra los aspectos de la educación de las mujeres que dificulta que nos protegamos: recibimos mucha educación para no incomodar a los demás, a no ser “maleducadas,” a no enfadarnos, a no levantar la voz, a no gritar, etc. que son una desventaja cuando llegue el momento de defenderse.
  8. Hay algo valioso en que las mujeres aprendan de las mujeres de maneras diferentes de ser mujer y de defenderse. La sororidad tiene mucho que ofrecernos. Y podemos aprender de muchas maneras, en cursos formales, en grupos autogestionados, etc.

Seguro que me estoy olvidando de cosas. Pero tengo muy claro que para avanzar tengo que decir cosas y equivocarme, y escuchar cuando alguien me corrige algo. Yo soy feminista desde los tiempos cuando era muy difícil decirlo sin que te quemaran en la plaza. Y ahora se pone en “FEMINISTA” en camisetas y se hace huelga de verdad el 8 de marzo. Para mí es un logro, aunque seguiré luchando para que mis clases desaparezcan porque ya no hagan falta.

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